Un Pacto por el Planeta

Lydia P. Vignau y José Antonio Cárdenas

Por vocación, misión o profesión, todos somos padres o madres de familia, maestros, sacerdotes, médicos, abogados, o líderes empresariales, y cada uno somos de alguna manera responsables del presente y futuro bienestar de nuestra gente, porque somos parte importante de la ecuación que debe garantizar la integridad de cada persona en el ámbito en el que cada uno nos desenvolvemos. Cuando decimos integridad, hablamos del derecho a la integridad personal, un derecho humano fundamental y absoluto que tiene su origen en el respeto debido a la vida y en el sano desarrollo de ésta en su dimensión física y mental.

Pero en lugar de tomar buen cuidado de aquellos a quienes debemos proteger, hemos favorecido el crecimiento económico por sobre estas otras prioridades, abusando de la naturaleza para lograrlo, y ahora nos encontramos que el planeta tiene su manera de devolver él solo el equilibrio a las cosas. En esta década, en que la ciencia y los hechos (sequias, incendios, hambrunas, desequilibrio meteorológico) nos dicen que es especialmente crítico que la humanidad actúe para atenuar el cambio climático, la naturaleza se nos adelanta y echa mano de sus propias leyes al verlas tan alteradas, pero nos da una oportunidad también. ¿Cómo? Al nosotros no hacer nada para frenar nuestros abusos de la naturaleza, a pesar de estar viviendo las nefastas consecuencias de nuestra falta de respeto, y no darnos por enterados de nuestros yerros, aparece una pandemia que colapsa la economía y nos invita a cambiar radicalmente el estilo de vida. Lo queramos o no, ese virus microscópico que vino a golpearnos globalmente, nos está diciendo a gritos que hagamos un alto en el camino y reconsideremos nuestros valores, nuestras prioridades y nuestras responsabilidades hacia los demás, pues todos estamos juntos en esta emergencia económica y de salud, ya que nuestra propia salud y bienestar dependen de la salud y el bienestar de todos los demás.

Bajo estas premisas, todos los que tenemos personas a nuestro cargo, padres, sacerdotes, maestros, líderes, si nos consideramos embajadores y mediadores del bienestar de los nuestros, debemos hacer un alto y detenernos de nuestra agitada actividad del día con día, para reflexionar sobre una nueva estructura de vida, centrada en la persona, en beneficio de la persona.

Desde nuestro microcosmos, pequeño o grande, desde lo más profundo de nuestro ser, y con pasión, aprovechemos esta crisis para devolver el equilibrio a los sistemas sociales que den dignidad a la vida humana de todos y cada uno, porque todos somos merecedores. Unamos esfuerzos por un nuevo sistema de vida basado en la equidad y en la sustentabilidad, y empecemos ahora de manera que protejamos a los más débiles para que sobrevivamos todos esta pandemia y podamos construir juntos. ¿Qué puedes hacer tú en tu ámbito? ¿Qué puedo hacer yo para atenuar el desequilibrio social desde la gestión del Capital Humano, que más que “Capital Humano” debían considerarse “Aliados Humanos”?

Por ejemplo:

¿Cómo, ante los eventos extraordinarios que presenta la Pandemia, voy a remunerar a la persona, infectada o no, en cuarentena o no, con un pago humanitario, justo y oportuno, a pesar de que la legislación laboral vigente no contemple estas circunstancias en particular?

¿Qué tengo que hacer para alzar la voz y ser escuchad@ ante el gobierno, los organismos intermedios y las instituciones de la sociedad civil, de manera que se asegure la paz social en el mediano y largo plazo?

¿Cómo voy a darle oportunidad de trabajo a la persona más indicada, independientemente de raza, género, edad, origen o preferencias sexuales siendo realmente incluyente en la diversidad?

¿Cómo puedo hacer para, en igualdad de circunstancias, darle trabajo a la persona más necesitada?

¿Cómo puedo, si es posible y conveniente, dividir la tarea y dar trabajo a más de una persona?

¿Cómo puedo mantener un proceso de capacitación y adiestramiento, justo y equitativo, para preparar y desarrollar a las personas para que desempeñen nuevos trabajos?

¿Cómo modifico las condiciones de trabajo, el trato interpersonal, y la remuneración económica, para lograr siempre la justicia y equidad?

¿Cómo modifico mi sistema de prioridades en todo lo que hago, en todo mi ámbito de influencia, para garantizar salud y bienestar para todos y, por ende, para mí?

¿Qué puedo hacer para contribuir a que las nuevas generaciones tengan un nuevo sistema de valores sólido y congruente con un mundo que respeta la naturaleza y todos los seres vivientes?

No perdamos de vista que la crisis climática, y esta pandemia, son en su centro una crisis moral y de derechos humanos, que requieren de una respuesta que lleve a edificar una sociedad más justa y con equidad social para todos, que elimine la pobreza y resuelva las diferencias subyacentes y sistémicas de oportunidad y acceso a los recursos colectivos de la sociedad (de educación, justicia, uso de la tierra y medio ambiente y económicos), una sociedad con solidaridad colectiva, y no solo para unos pocos, en donde todos podamos prosperar, vivir una vida plena y ser felices.

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Lydia P. Vignau y José A. Cárdenas

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