EcoCard # 37 Teléfonos Celulares

Lydia P. Vignau y José A. Cárdenas

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Salvemos al Planeta; Opus #7

José A Cárdenas y Lydia P. Vignau

(Fecha original de publicación: febrero 4, 2020)

“No podemos resolver una crisis sin tratarla como una crisis. Y si las soluciones dentro del sistema son tan imposibles de encontrar, entonces tal vez deberíamos cambiar el sistema mismo” Greta Thunberg

En noviembre de 2019, un grupo de más de 11,000 científicos de 153 países calificó el cambio climático como una “emergencia” que conduciría a un “sufrimiento humano incalculable” si no nos damos a la tarea de hacer los cambios necesarios en nuestro estilo de vida.

Los investigadores propusieron seis grandes temas para revertir esta Emergencia Climática: implementación de usos más eficientes de energía y su conservación, aunado a la eliminación total de energéticos fósiles a favor de energía sustentable; reducción de contaminantes de corta vida; cambio en hábitos de alimentación a favor de una dieta predominantemente de origen vegetal y no animal, lo que haría posible la restauración de ecosistemas; la optimización de materiales y recursos naturales; y la estabilización del crecimiento poblacional. Estos temas deben resolverse en dos planos: el individual, responsabilidad de cada uno de nosotros, y el colectivo, que incluye acciones de las empresas, instituciones y política pública. Examinaremos aquí el plano colectivo:

A nivel global, es necesario generar energía sustentable solar y eólica, y dejar en el subsuelo el petróleo, carbón y gas natural, fomentando la desinversión de su extracción y producción, e incrementando su precio y carga fiscal. Esto permitirá bajar las emisiones perjudiciales de CO2 hacia la atmósfera. Este gas recibe más atención porque al existir en exceso en la atmósfera, los sumideros naturales de carbono no podrán absorberlo, y el ciclo mediante el cual se absorbe es muy largo siendo más de 100 años. Si los gobiernos y la industria energética no realizan este cambio radical en nuestra estructura económica, las emisiones más difíciles de eliminar de la atmósfera seguirán aumentando.

Para coartar las emisiones de contaminantes de corta vida, que también contribuyen significativamente a la contaminación, es necesario incentivar la investigación, desarrollo y comercialización de nuevos productos más amigables al ambiente.

Contener el tráfico vehicular a favor de una movilidad urbana sostenible también es un cambio necesario, haciendo una transición hacia vehículos híbridos, eléctricos, o no motorizados, como la bicicleta, y proporcionar medios eficientes y sustentables de transporte urbano. En particular, México está catalogado como el 2º país de Latinoamérica con mayor número de muertes por contaminación con 15 mil decesos anuales. La zona metropolitana de Monterey es de las más contaminadas por gases nocivos emitidos por vehículos y generación de energía (PM10 o menor), nivel estimado en 85.9 de microgramos por metro cúbico, cuando la Organización Mundial de la Salud exige 20. En contraste, en Sevilla se ha abatido significativamente la contaminación atmosférica con el uso intensivo de la bicicleta como medio de transporte para todos y para todo. De 12,000 viajes diarios en bicicleta en 2006, Sevilla suma actualmente más de 72,000 por el impulso del ayuntamiento que aumentó la red de vías hasta llegar a una red verde de 171 kilómetros entretejida en la ciudad.

Para hablar de la restauración de los ecosistemas naturales se hace imperativo abordar primero el tema de los alimentos que consumimos. Tres cuartas partes de la tierra disponible del planeta se usa para la cría de animales para nuestro consumo de carne, lácteos huevos y pescado de piscifactorías, y para cultivar los alimentos que requieren estos animales, lo que impone un enorme costo a la biodiversidad. El 91% de la destrucción de la Amazonia es para estos fines, deforestando a razón del equivalente a un campo de fútbol americano por segundo, y desestabilizando comunidades humanas y animales. El esfuerzo agropecuario global solo produce el 18% de las calorías necesarias para alimentar a la humanidad, y los animales de crianza consumen un promedio de 6 veces la proteína que producen, por lo que se puede decir que “sale más caro el collar que el perro”. Para agravar las cosas, el agua que se requiere es excesiva: el 25% de los ríos del planeta ya no llegan al océano porque se desvía su cauce para regar sembradíos. Para producir una libra de hamburguesa se requieren 3,000 litros de agua, equivalente a un baño en ducha de 8 minutos de una persona, durante mes y medio, de 65 litros por ducha. En suma, casi la cuarta parte del agua fresca que utiliza la humanidad se usa para el ganado y el cultivo del forraje, cereal y legumbres que requieren.

Otro problema son los desperdicios: el excremento que producen los animales de crianza es 50 veces más que el que producimos los humanos, y contaminan ríos, lagos, mares y acuíferos de todo el mundo. Respecto a los gases contaminantes que emiten a la atmósfera, metano, óxido nitroso y CO2, el sector agropecuario es responsable del 15% o más de estas emisiones, equivalente a lo que produce el sector del transporte, sumando aviones, trenes, barcos, carros, camionetas y camiones del mundo, y esto sin mencionar todo el daño que causan los pesticidas. Si dejáramos de comer carne, los ecosistemas en un área equivalente en tamaño a África podrían restaurarse, y no estar tan presionados, por lo que las especies animales hoy en peligro de extinción volverían a su equilibrio. Se ha demostrado mediante estudios médicos que una dieta a base de plantas, sobre todo cultivadas orgánicamente, es mejor para nuestra salud, y si deseamos también la salud del planeta, lo mejor es eliminar o bajar el consumo de carne y productos de origen animal. Los ecosistemas una vez restaurados, mares, litorales, ríos, bosques, selvas y todo lo demás, incrementarán su habilidad para atrapar el CO2 atmosférico y serían nuestros aliados.

Costa Rica implementó una serie de acciones para proteger sus ecosistemas. En la isla de Chira, el gobierno apoyó a 23 mujeres plantaron en zonas degradadas casi 8,000 manglares en el transcurso de un año, grandes aliados para atrapar el CO2. Este país también trabaja en restaurar las zonas costeras críticas y terminar con las prácticas pesqueras destructivas, haciendo acuerdos con los gobiernos de Panamá, Colombia y Ecuador para en conjunto gestionar el Océano Pacífico de manera más sustentable.

El crecimiento económico basado en esquemas tradicionales y modelos de negocio centrados en maximizar utilidades financieras ha sido el factor multidimensional que más ha perjudicado al planeta: el privilegiar los beneficios económicos de los accionistas, subordinando el daño a la naturaleza y calidad de vida de todo el planeta. El cambio fundamental necesario, a nivel global, consiste en abandonar el desarrollo económico basado en el incremento del PIB, y crecer mejorando el planeta y el bienestar de todos.

La ciudad de Barcelona modificó estructuralmente sus esquemas de gestión del área urbana creando el “Plan de Prevención de Residuos”, cuya misión es fomentar la reducción de desperdicios en la ciudad, involucrando a todos, ciudadanía, empresas, comercios, entidades, asociaciones y administraciones, para avanzar hacia una ciudad con cero residuos. Su lema es “el mejor residuo es el que no se genera”. Esto implica la reducción incremental de residuos y su reutilización dándoles nueva vida mediante el intercambio o la reparación, y la recolección selectiva de residuos especialmente orgánicos, pero sobre todo, la corresponsabilidad ciudadana que se traduce en una óptima gestión de los residuos.

Los cambios de hábitos de los ciudadanos frecuentemente se derivan de la transformación de la política pública y la legislación correspondiente. Como ilustración, a partir del 1 de julio, los habitantes del estado norteamericano de Vermont deberán separar, por ley, los restos de comida de la otra basura. Los ciudadanos deciden si hacer composta, reutilizar los desechos para alimentar animales domésticos, llevarlos al centro de acopio o utilizar un servicio de recolección.

Los ejemplos de Costa Rica, Barcelona y el estado de Vermont nos inspiran a considerar tres grandes dimensiones de cómo ganarle a la Emergencia Global y cómo vivir de forma sustentable y ética en el planeta: la primera es que “sí se puede”. Con moralidad, integridad, compromiso, ambientalismo y política pública, es posible revertir los problemas que como humanidad hemos creado en el Planeta. Segundo, se requiere un “gran convocador” y tal vez el único gran convocador es el gobierno. Tercero, este gran cambio es multifacético: son muchas las dimensiones, muchos los factores, muchos los actores, muchas las palancas que hay que activar y muchos los pequeños logros que hay que sumar.

En la fábula de Hans Christian Andersen “El traje nuevo del emperador”, los ciudadanos no alzan la voz para declarar que “el emperador va desnudo” porque replican de uno a otro su ignorancia y estupidez, hasta que un niño alza la voz. Afortunadamente Greta Thunberg, y muchos otros activistas, han alzado sus valientes voces, y los científicos no han descansado de estudiar el problema, por lo que contamos con los datos que marcan soluciones y el rumbo a seguir. Salgamos todos del letargo para aplicar soluciones individuales, a la vez que exigimos a nuestros gobernantes que hagan su parte, dándole un giro radical a los modelos de gestión y de gobierno que ayuden a todo el planeta.

Salvemos al Planeta: Opus # 8

José A Cárdenas y Lydia P. Vignau

(Fecha original de publicación: Enero 31, 2020)

“La naturaleza nos está trasmitiendo un poderoso mensaje —expresado en el lenguaje de los incendios, las inundaciones, las sequías y las extinciones de especies— que nos dice que necesitamos un modelo económico totalmente nuevo y una manera igualmente novedosa de compartir este planeta. Nos dice, en suma, que necesitamos evolucionar.” Naomi Klein

Las catástrofes ecológicas están fundamentalmente asociadas al cambio climático y estamos llegando a una verdadera Crisis Climática. Existe un consenso científico que indica que la producción y consumo de energéticos fósiles y la deforestación indiscriminada están alterando el clima de tal forma, que es evidente un incremento irreversible de la temperatura del planeta causando el crecimiento del nivel del mar, falta de agua potable, cambios en la producción de alimentos, inundaciones, sequías, incendios forestales, tormentas y olas de calor, entre otros desastres. La suma de nuestras actividades nos ha conducido a esta situación crítica, que ya la estamos viviendo.

Más de 11 mil especialistas de todo el mundo han desplegado recientemente una serie de indicadores y datos contundentes, que muestran que el Planeta está enfrentando una Crisis Climática,  relacionada directamente con el consumo excesivo de recursos. El profesor Guy Mc.Pherson nos hace pensar en la tragedia que se avecina cuestionándonos de manera tajante: “¿Consideras que el medio ambiente es menos importante que la economía? … trata de aguantar la respiración mientras cuentas tu dinero”.

Las actividades humanas que nos señalan los expertos como de mayor incidencia en la crisis climática incluyen las guerras, el aumento desordenado de la población humana y de ganado, el consumo de carne per cápita, la disminución de zonas boscosas y selváticas, el número de pasajeros en vuelos comerciales, las emisiones vehiculares de dióxido de carbono y actividades que llevan a la acidificación de los océanos. No obstante, los modelos de negocio dominantes en nuestras economías siguen privilegiando la generación de beneficios económicos para inversionistas y el gobierno, sacrificando los ecosistemas naturales y el destino de la humanidad.

La comunidad de científicos ha establecido seis grandes temas para revertir la Crisis Climática: conservación de energía, reducción de contaminantes de corta vida (SLCPs), restauración de ecosistemas, cambio en hábitos de alimentación, optimización de materiales y recursos naturales, estabilización del crecimiento poblacional.

En el plano personal, nuestro comportamiento y estilo de vida debe orientarse a disminuir la demanda de combustibles fósiles y energía en general. Es imperativo que conozcamos con qué productos, servicios y actividades promovemos la contaminación de gases tipo invernadero que atrapan el calor en la atmósfera, para menos dichos productos. Para lograrlo, usaremos el coche lo menos posible, que de ser factible debe ser híbrido o eléctrico, para bajar el dióxido de carbono (CO2), y exigiremos que haya más transporte público  ecológico. Es importante consumir energía renovable (eólica, solar) y productos de «cadena corta» elaborados y comercializados de forma local; lavar la ropa menos veces por semana, usando agua fría. Para disminuir el metano, debemos consumir menos carne, comer fruta y verdura producidos localmente y hacer composta. Para reducir los hidrofluorocarbonos, gases contaminantes climáticos de vida corta mucho más potentes que el CO2, debemos tener equipos eficientes de refrigeración y aire acondicionado, y usarlos de manera responsable ajustando el termostato dos grados menos en invierno y dos más en verano.

Respecto a los ecosistemas naturales, cada uno deberemos contribuir a su protección y restauración. Evitar los bloqueadores solares con sustancias nocivas para los arrecifes coralinos y su fitoplancton, usando solo productos naturales y la protección de ropa con manga larga y sombreros. Debemos ayudar a conservar las sabanas, bosques y llanuras, y privilegiar las especies nativas o endémicas de animales y plantas en todo nuestro ámbito de influencia (el hogar, quintas, jardines, parques), y evitar el uso excesivo de cemento y concreto en espacios que puedan ser recubiertos con pasto y plantas más amigables para el ambiente. 

También deberemos reducir o eliminar el consumo de productos derivados de la explotación de los grandes ecosistemas: productos de madera no reciclada, conchas, corales, plantas y animales exóticos, y adoptar la práctica de preparar compostas para fertilizar las plantas usando los desperdicios de comida que, de no aprovecharse de esta manera, serían enterrados en los vertederos, en donde producirían metano al descomponerse.

En el tema de la alimentación, es importante recordar que la energía fósil necesaria para producir una caloría de comida de origen animal es 10 veces más de la requerida para producir una caloría de comida vegetal. Podemos reducir nuestro consumo de carne y hacer cambios alimentarios que nos permitan acabar con la malnutrición de los mil millones de personas en el mundo que sufren hambre. El ganado, para su mantenimiento y crecimiento, consume una cantidad de comida equivalente a alimentar a 8.7 miles de millones de personas. Si en lugar de producir alimento vegetal para el ganado, disminuyéramos el número de animales existentes bajando nuestro consumo de carne, y consumiéramos nosotros las plantas que cultivamos, no habría hambre en el mundo. También es necesario que los alimentos sean amigables con el medio ambiente: orgánicos, poco procesados, sin contenedores o en contenedores ecológicamente compatibles, con bajo o mínimo contenido animal, locales o regionales, susceptibles a mínimos residuos o desechos.

Como ciudadanos de este nuestro planeta en crisis, debemos asumir con sacrificio y valentía la responsabilidad moral de utilizar nuestra capacidad de compra para edificar un nuevo modelo de negocio amigable con los ecosistemas, e influir en la política pública denunciando las prácticas perniciosas de hacer negocio: convertir la fuerza del consumidor en un verdadero mercado de demanda, obligando a la oferta de productos y servicios no compatibles con el medio ambiente a ir abandonando su oferta y promoción del consumismo.

En suma, revertir la crisis climática demanda un nuevo nivel de pensamiento basado en entender la conectividad de todos los elementos y sistemas que la afectan, y la corresponsabilidad que tenemos de construir un mundo mejor para todos. En el microcosmos que es nuestro hogar, entendemos claramente que si alguien de la familia agota el suministro de agua caliente, nos tendremos que duchar con agua fría: en el Planeta, eventualmente no podremos respirar, porque algunos de nosotros no fuimos capaces de mantener el aire limpio.

Salvemos al Planeta: Opus #9

                            José A. Cárdenas y Lydia P. Vignau

(Fecha original de publicación: diciembre 23, 2019)

“Ni el hombre sabio, ni el hombre valiente se acuestan en la vía de la historia para esperar a que el tren del futuro los atropelle”. Dwight D. Eisenhower

El ferrocarril llegó el Siglo XIX para quedarse, trayendo con él el progreso y el avance. ¿Y por qué perdura? Su uso de energía es eficiente, tiene gran capacidad para transportar mercancías y pasajeros en vastas cantidades y durante largos recorridos, su costo es bajo, hay relativamente pocos accidentes y contamina menos en proporción.

La actual administración federal de López Obrador planea construir un gran sistema ferroviario, el Tren Maya, que utilizará tramos ya existentes en Campeche y Yucatán, agregando más de 540 kilómetros para atravesar Quintana Roo. Se ha anunciado que el Tren Maya va a hacer uso de energía híbrida (combustible fósil y electricidad), cuando se sabe que los ferrocarriles eléctricos son tres veces más eficientes para trasmitir la energía a las ruedas del tren, su costo es 20% menor al de la locomotora de diésel y su mantenimiento cuesta hasta 35% menos; son menos ruidoso y, algo muy importante, provocan menor vibración al entorno inmediato; el motor eléctrico no emite óxido de nitrógeno, compuestos orgánicos ni óxido de azufre.

Los costos iniciales para instalar trenes eléctricos son todavía prohibitivos en México, sobre todo si el dueño no es el gobierno, porque requieren de una gran inversión en una infraestructura que cause los menores daños ambientales posibles, que permita la generación sustentable de electricidad, su transmisión y distribución, sin causar apagones frecuentes. Es obvio que, para cambiar a trenes eléctricos, las consideraciones que se hagan tienen que privilegiar los beneficios al cambio climático sobre los factores económicos.

Y mientras todo esto sucede en México, distintas iniciativas a nivel mundial están alineando a las economías a respetar el medio ambiente. Sobresale el mandato de la Suprema Corte de Holanda quien confirmó hace unos días que los gobiernos deben trabajar activamente para controlar el calentamiento global: en el caso de este país, el gobierno holandés deberá disminuir las emisiones durante el 2020 en un 25%, comparado con los niveles de 1990.

En Estados Unidos, durante el último debate de precandidatos demócratas a la presidencia, Bernie Sanders afirmó que “cada país debería tomar la totalidad de su presupuesto de guerra y usar los recursos para vencer al enemigo común: el cambio climático”

Las consideraciones ambientales del proyecto del Tren Maya tienen a los expertos pidiendo aplicar un sondeo geofísico en toda la ruta, que determine cómo se afectaría la ecología al violentar la naturaleza en el tendido de los rieles, que se convierten en barreras artificiales para el libre tránsito de la fauna. Como ilustración, los 2,400 jaguares que viven en la región encontrarían una barrera física en las vías, que evitará su traslado para reproducirse sin incrementar su vulnerabilidad genética.

Otro punto muy importante del impacto ambiental es que miles de árboles serán talados para la construcción de las vías y estaciones, lo que tendrá nefastas consecuencias en la fauna local, la calidad del aire y la retención del agua.

 También hay que considerar cómo el peso y la vibración de los trenes afectarían las cavidades naturales y subterráneas. En el subsuelo de Tulum, en la península yucateca, se encuentran lugares de un valor biológico considerable y de importante patrimonio cultural, y el sistema de cuevas más grande del planeta. Estas cavidades resguardan la mayor reserva de agua dulce de México, y constituyen un ecosistema que alimenta las raíces de los árboles tropicales, vital para el funcionamiento armónico de la selva.

La contaminación potencial de las aguas residuales es otro tema relevante porque actualmente el ecosistema es capaz de manejar los residuos y administrar los nutrientes que demanda su flora y su fauna.

No podemos pasar por alto que la riqueza biológica de la península yucateca está vinculada con compromisos internacionales, ya que hay por lo menos dos áreas naturales protegidas declaradas Patrimonio de la Humanidad: La Reserva de la Biosfera de Sian Ka’an y la Reserva de Calakmul. También en la ruta están la Reserva de la Biósfera de Los Petenes, Río Lagartos, Yum Balam, Laguna de Términos, entre otras; un territorio con una riqueza biológica sin igual.

Actualmente existe un Acuerdo para la Sustentabilidad de la Península de Yucatán firmado por los tres gobernadores. Mucha de la actividad para la sustentabilidad está fincada en las comunidades agrarias (ejidos) que poseen dos terceras partes de las selvas tropicales, pero a pesar de los valores ambientales y culturales que se profesan, esta selva pierde ya 80 mil hectáreas por año debido a deforestación con fines comerciales por parte de empresas ganaderas, madereras y otras.

Además, está la implicación humana: las comunidades indígenas dueñas de las muchas zonas rurales por donde pasará el tren tienen el derecho a la consulta previa, libre e informada, incluso, a la suspensión de ejecutar el proyecto. Los afectados, incluyendo un grupo de mujeres académicas de los estados imputados, sostienen que iniciativas como el Tren Maya pretenden arrebatarles el territorio que es herencia de sus antepasados. Perder el territorio, aseguran, conlleva a perder su cultura, lengua y costumbres; alertan que el turismo masivo y la creación de nuevos centros urbanos traen riesgos económicos y socio ambientales. Estos grupos originarios denuncian que las consultas ciudadanas presentan irregularidades y no ayudan a canalizar las demandas y solicitudes de los verdaderos dueños de esas tierras.

A su vez, activistas ambientalistas de Yucatán han sido amenazados ellos y sus familias si no abandonan su posición en contra del Tren Maya; creen que las amenazas pueden venir de empresarios o personas que se ven afectadas si estos megaproyectos se retrasan o cancelan. Y por su parte, Jimenez Pons, titular de FONATUR, afirma que la estrategia del proyecto del Tren Maya, fincada en un paradigma de desarrollo sostenible está “basada en recuperar, mantener y promover las tradiciones ancestrales mayas y su patrimonio artesanal y culinario regional”.

Aunque la amenaza es real y considerable, nadie logra ponerse de acuerdo…

Estamos hablando de un posible gran desastre ecológico, con cambios irreversibles en el ecosistema que resultan en extinción masiva de especies, incluyendo los seres humanos. Hay que evitar que el Tren Maya pase impunemente por Áreas Naturales Protegidas para prevenir la fragmentación de ecosistemas y la disminución de especies nativas, y para ello, necesitamos un estudio serio y transparente que analice el impacto en el cambio climático, en el diseño, construcción, mantenimiento y operación del Tren Maya, como se hace en Europa: se requieren análisis de sensibilidad, vulnerabilidad, riesgo y acciones ambientales preventivas, antes de iniciar el diseño definitivo de esta obra.

En suma, la construcción del Tren Maya puede provocar la deforestación, liberando al aire el Carbono capturado por los árboles, y modificando el ciclo de lluvias, afectando la capacidad de recarga de acuíferos y contaminando el agua por las nuevas poblaciones; pudiera haber cambios radicales en la temperatura de acuerdo con 240 investigadores de diversas instituciones. Estos efectos adversos no son suposiciones, sino datos duros provenientes de acuciosas investigaciones.

Es autodestructivo acabar con la selva tropical. Es de crucial importancia para la biodiversidad y la regulación del clima, debido a que su flora reduce hasta 10 grados la temperatura ambiental y no queremos violentar su biodiversidad que nos mantiene vivos a todos los seres, grandes y pequeños.

Su futuro está en nuestras manos. ¿Qué vamos a hacer para salvarla?